El cielo de la mañana estaba despejado, aunque no demasiado brillante. Una brisa suave corría por el aire y traía una calma distinta a la de los días anteriores.
Los autos de las familias Miller y Callister llegaron a un cementerio bien cuidado. Había poca gente alrededor, apenas unos cuantos visitantes que habían llegado antes, cada uno absorto en sus recuerdos.
Daven bajó primero. Como siempre, le abrió la puerta a Althea y le ofreció la mano.
—Cuidado al bajar, cariño —dijo.
Althea tomó su ma