El aire de la tarde se sintió más liviano en cuanto salieron del tribunal.
Ya no había flashes de cámaras ni murmullos cargados de reproche. Solo quedaba el ritmo tranquilo de sus pasos mientras volvían al auto, más lentos ahora, más calmados... aliviados.
Eli caminaba junto a Althea. No hablaba mucho. Pero esta vez no era porque se estuviera guardando algo, sino porque sentía algo nuevo, algo desconocido.
Se sentía ligera.
—Se acabó —murmuró.
Althea la miró de reojo y sonrió.
—Sí. Se acabó.
Eli