Y dicho esto, se alejó. No notó, o quizá no le importó, que la sonrisa que Selena había estado luciendo se desvaneció casi al instante. Selena se quedó donde estaba, con los puños apretados. Volvió a mirar la banca del jardín, donde Althea y las demás seguían conversando entre risas ligeras y despreocupadas.
Despacio, se le dibujó una sonrisa fina. Bien. Si nadie estaba dispuesto a reconocer su lugar por las buenas, entonces ella se encargaría de que lo recordaran.
Además… seguro que Harold ya t