Un momento después, tomó su maletín de trabajo.
—Si notas algo raro en la casa, llámame —dijo.
Riana asintió.
—Maneja con cuidado.
Nathan le sonrió y salió de la habitación. Caminaron juntos por el corredor principal hasta la entrada de la casa. Al poco llegó el auto que solía llevarlo a la oficina, listo para salir.
Aun después de que el vehículo cruzó el portón y desapareció tras el alto muro exterior, Riana siguió allí, mirando. Solo cuando estuvo segura de que se había ido, dio media vuelta