—Lo superamos —respondió Daven.
Althea respiró hondo. Se llevó una mano al vientre.
—Pero… me da un poco de miedo.
El semblante de Daven se transformó.
—¿Miedo de qué?
—Ya no soy joven —admitió con franqueza—. Me preocupa que mi cuerpo ya no responda como antes. No quiero correr ningún riesgo.
Daven le tomó la mano.
—Vamos a hacer controles periódicos. Vamos a seguir todas las recomendaciones del médico. Y esta vez… —suavizó la voz—no vas a pasar por nada de esto sola.
Le sostuvo la mano, la aca