—Exacto —respondió Riana—. Lo que significa que hay otro objetivo.
Nathan miraba el jardín.
—¿Crees que quieren control?
—Y reconocimiento —añadió Riana—. Un reconocimiento forzado.
Nathan guardó silencio un momento, no porque no entendiera hacia dónde iba la conversación, sino porque acababa de comprender lo profundas que eran las implicaciones que Riana estaba poniendo sobre la mesa. El sol de la tarde bajaba y bañaba de naranja la superficie de las tazas que sostenían.
—El reconocimiento no s