—La señora Riana está en el jardín trasero, señor.
Nathan fue al jardín trasero. Allí, Riana estaba sentada en una banca de madera con una taza de té en la mano. La luz del atardecer le suavizaba la cara y resaltaba su expresión serena.
—¿Los niños ya se fueron a descansar? —preguntó Riana sin voltear.
—Sí —respondió Nathan al sentarse a su lado—. Grace ganó hoy un pequeño debate.
Riana esbozó una sonrisa.
—Como siempre.
Nathan miró el jardín, que empezaba a iluminarse con las luces tenues. En e