—Ya llegamos —dijo Lydia. Durante todo el trayecto, Althea, sentada a su lado, no dijo nada. A Lydia no le molestaba. En momentos así, el silencio no marcaba distancia. Le daba espacio y la ayudaba a ordenar sus ideas.
—Ah… tienes razón. —Althea suspiró—. Ni me di cuenta.
Lydia solo sonrió.
—Vamos, bajemos. Hoy hace buen clima. —Tomó el ramo que había traído para dejarlo sobre la tumba de Chase. Para Lydia, Chase había sido el mejor amigo de su vida.
Guardaba muchos recuerdos de él. No todos era