—Te extraño, mamá —susurró, con una voz apenas más fuerte que el viento que soplaba—. Siento haber tardado tanto en venir.
Detrás de ella, Lydia sostenía un paraguas para protegerlas del sol, que cada vez calentaba más. Consultaba su reloj a cada momento, pero no decía nada. Sabía que Althea necesitaba este tiempo, aunque solo fuera para hablarle a una piedra en silencio.
—Hice todo lo que me pediste, mamá. Me mantuve fuerte. Fui amable. Intenté amar con dignidad... incluso cuando nunca me corre