—Dios mío... ¿qué carajo es esto?
Cale cerró la carpeta marrón con un poco más de fuerza de la necesaria. Sus dedos se quedaron en la esquina de la última página, como si aún esperara haber leído mal. La sala temporal de archivos del Grupo Callister estaba en silencio. Se pasó una mano por el cabello, no podía creerlo.
—No tiene sentido —murmuró.
Abrió otra carpeta.
Los mismos documentos, pero en otro formato. Fechas próximas entre sí. Firmas que no tenían por qué estar ahí. Daba la impresión de