Mientras tanto, en Solaviz.
Cuando terminó la llamada, Althea se quedó mirando la pantalla apagada del celular. La invadía una inquietud que no nacía de lo que Daven le había dicho, sino de todo lo que había callado. La tensión parecía venirle de todos lados, sobre todo por las noticias sobre el Grupo Callister, que cobraban más fuerza a cada hora.
Althea estaba segura de que Daven cargaba solo con todo. La calma en la voz de su esposo no hacía más que llevarla a imaginar lo peor.
—¿Mamá? —llamó