Su tono destilaba furia contenida.
—Si tan solo no la hubieras tratado con tanta crueldad. No solo tú... yo también. Sobre todo yo, que era su esposo.
Tenía los puños apretados, los nudillos blancos.
—Si tan solo la hubiera tratado mejor. Aunque no la amara, al menos debí estar a su lado cuando estaba embarazada. Nunca debí dejar que se fuera de nuestra casa. Y tú, como su suegra, no debiste alegrarte de verla partir. ¿O no es cierto? Pero en vez de eso, ¿qué hicimos?
Las palabras golpearon a K