—¿Por qué vas a subir conmigo? —preguntó Daven, confundido por el comportamiento de Vanessa.
Lo normal era que él la dejara en algún lado antes de irse a la oficina. Pero ese día, ella estaba haciendo todo lo contrario.
—¿A poco no puedo? —respondió Vanessa con un tono de voz muy dulce—. ¿O te molesta?
A decir verdad, Daven nunca se quejaba de lo que ella hacía. Estaba acostumbrado a que Vanessa hiciera lo que se le diera la gana. Y este afán de no querer soltarlo no era nada nuevo.
—Solo quería acompañar a mi futuro esposo a su oficina —añadió ella con una sonrisa radiante, mientras se entrelazaba de su brazo y se recargaba en él como si fuera lo más normal del mundo.
No parecía importarle que todos los estuvieran viendo. Los empleados ya empezaban a llegar y algunos volteaban, murmurando y lanzando miradas curiosas.
Era de esperarse. Era imposible no fijarse en Vanessa Blake.
No solo era una mujer muy guapa. Era una modelo famosa que trabajaba para las mejores marcas y a veces salí