—¿Por qué vas a subir conmigo? —preguntó Daven, confundido por el comportamiento de Vanessa.
Lo normal era que él la dejara en algún lado antes de irse a la oficina. Pero ese día, ella estaba haciendo todo lo contrario.
—¿A poco no puedo? —respondió Vanessa con un tono de voz muy dulce—. ¿O te molesta?
A decir verdad, Daven nunca se quejaba de lo que ella hacía. Estaba acostumbrado a que Vanessa hiciera lo que se le diera la gana. Y este afán de no querer soltarlo no era nada nuevo.
—Solo querí