Tal vez... él también se había permitido creer eso.
Se lo entregó todo. Su ternura. Su cuerpo. Su confianza. Sin poner una sola condición. Pero cuando llegó la mañana y él abrió los ojos, ella ya no estaba. No había ni rastro de ella a su lado. Ni un adiós. Solo un silencio que se sentía más fuerte que cualquier ruido que hubiera escuchado antes.
No lo admitió en voz alta, pero ese vacío había sido desconcertante.
¿Se había perdido tanto en ella?
—¿En serio nadie la había tocado antes de anoche?