Althea se llevó una mano a los labios, incapaz de disimular la sorpresa. Recorrió la suite con la mirada: la cama king size vestida con sábanas blancas impecables, capas de almohadas apiladas, un balcón privado con sillones reclinables y un baño de mármol reluciente con una tina enorme. Todo el lugar irradiaba lujo y elegancia.
—Chase —susurró, como si el nombre fuera la respuesta a todo lo que veía—. Claro, esto es obra suya.
Josh volvió corriendo con una caja de galletas en la mano.
—Mami, ¿pu