En cuanto el auto se detuvo frente al juzgado, Althea se quedó paralizada ante lo que tenía enfrente.
—Esto... ¿de verdad está bien así?
Sabía que habría reporteros, sí; Chase la había advertido. Pero no tantos. La multitud era abrumadora, muy por encima de todo lo que se imaginó.
—No se preocupe, señorita Althea. Ya lo decidimos —la tranquilizó Adrian.
Cuando la puerta del auto se abrió, el equipo de seguridad se movió y la rodeó formando un escudo protector.
Sus abogados y el personal cerraron