—La verdad es que odio los hospitales —admitió Althea al bajar del auto.
Ese lugar siempre le removía recuerdos dolorosos. El nacimiento de Josh fue distinto, alegre, por supuesto, pero fuera de eso los hospitales le oprimían el pecho. Nunca olvidaría cómo su madre exhaló su último aliento por la pérdida de sangre. El accidente fue brutal. Si su madre no la hubiera empujado hacia la orilla del camino, Althea habría muerto con ella.
Hubo un tiempo en que se preguntaba por qué Dios no la dejó irs