—Demasiado exagerado —murmuró Vanessa entre dientes. Se paró frente al espejo de cuerpo entero en su habitación y se examinó por tercera vez. El abrigo negro largo que llevaba ocultaba las vendas que le envolvían el cuerpo y, más importante aún, la escondía de los ojos de los reporteros.
—No hay forma de que salga sin escolta.
Tomó el celular y marcó al único contacto al que todavía podía recurrir: el asistente de su padre.
—Necesito un equipo de seguridad —dijo rápido—. Manden gente a recogerme