—¿Qué hora es? —gimió Vanessa. El martilleo en la cabeza le arrancó una mueca. El dolor era intenso, implacable. Lo último que recordaba era haber bebido de la botella de vino, maldiciendo a Daven y a Althea entre una docena de quejas amargas.
—¿Dónde está James? —Recorrió la habitación con la mirada, esperando encontrarlo cerca, pero no estaba. Solo el silencio la recibió, roto apenas por la quietud de su dormitorio.
La luz del sol se colaba entre las cortinas e inundaba la habitación con un re