—¿De verdad tiene que ser así? —preguntó Althea con un tono de incertidumbre en la voz.
La sala de reuniones en Solaviz estaba cargada de tensión esa tarde. Sentada junto a Chase Miller, Althea se encontraba rodeada por un equipo de abogados seleccionados personalmente por la familia Miller. A la cabecera de la mesa estaba Daniel Miller, cuya presencia imponía sin esfuerzo, mientras varios asistentes legales organizaban las pilas de expedientes ya preparados.
—Por supuesto que sí, cariño. —Chase