En cuestión de segundos, todas las cámaras y micrófonos de la sala giraron hacia la pantalla. Los reporteros se apresuraron a capturar cada cuadro, cada palabra. Era el tipo de historia que no se presentaba dos veces.
Mientras tanto, los intentos desesperados de Theo y Vanessa por desacreditar la transmisión cayeron en saco roto. Sus negaciones, sus protestas... todo sonaba débil, tragado por la evidencia innegable en la pantalla.
—Sé que muchos de ustedes creen que no soy más que una robamarido