La sala quedó en silencio. Sus últimas palabras flotaron en el aire, pesadas, opresivas, dejando tras de sí el dolor de preguntas sin respuesta.
Un reportero de cabello corto se puso de pie despacio, con la mirada fija en la pantalla, como si buscara la verdad en el rostro de Althea. Levantó la mano y su voz resonó con claridad a través del micrófono.
—Señorita Althea… usted dijo que Josh es su hijo —titubeó, tragó con dificultad y continuó—. Pero… ¿es cierto, entonces? Los rumores que circulan…