A la mañana siguiente, Vanessa tenía la cara descompuesta por la furia mientras miraba su teléfono. La noche anterior se había ido a dormir satisfecha, convencida de que por fin había destrozado el nombre de Daven Callister con la avalancha de escándalos esparcidos por todos los medios. Pero esa mañana, todo había desaparecido. Borrado por completo. No quedaba un solo artículo.
—¿Qué demonios es esto? —exclamó con la voz temblorosa—. No... no, eso es imposible —susurró, atónita. No podía apartar