—¿Estás lista? —preguntó Theo con expresión petulante, como si la victoria ya descansara en sus manos. Desde temprano se había instalado en el departamento de su hija, sin querer arriesgarse a que alguien captara una fotografía de Vanessa luciendo demasiado “cercana” a ese asistente suyo. Por ahora, tenía que construir la imagen perfecta: Vanessa como la víctima del egoísmo de Daven. Acorralaría a su yerno, explotaría cada arma a su disposición y haría que Daven se doblegara.
Ese era el plan.
Y