A la mañana siguiente, la vida en Solaviz parecía transcurrir como siempre. Nada fuera de lugar. El cielo estaba tan despejado como los días anteriores y el aire no era ni demasiado caliente ni demasiado húmedo; perfecto para el ritmo de las rutinas cotidianas.
Sin embargo, dentro de Althea una tormenta rugía en silencio, encadenando cada uno de sus pensamientos. Aunque Lydia había sido trasladada al hospital de la ciudad, su estado no había mejorado mucho. El doctor le explicó que era cuestión