Esas palabras le calaron hondo a Arven. Para él, revelaban cuánto ese edificio y cada persona en él se habían convertido en el ancla de Daven, lo único que lo sostenía y le impedía desmoronarse por completo. Como la persona más cercana a él, Arven sentía la punzada aguda de la traición que seguía atormentando a Daven, una herida infligida por la persona que más había amado.
—Terminemos con esto rápido. Algo podrido no debe quedarse a pudrirnos por dentro —dijo Daven mientras empujaba las amplias