El ambiente en el Grupo Callister esa mañana era el de siempre: tranquilo, pero con un pulso constante de actividad. Daven entró sin decir una palabra; su traje gris carbón se movía con fluidez al ritmo de sus pasos seguros. Cada empleado a su paso se limitaba a asentir con respeto, consciente de que su jefe no era de los que conversaban por cortesía. Un saludo breve y educado era todo lo que devolvía.
No mucho había cambiado, aunque Daven llevaba un tiempo sin trabajar desde ese edificio. Cuand