La sala estalló en murmullos, y la frustración se extendió entre el personal y los inversionistas. Era evidente que todos estaban de acuerdo con Sarah.
—¿Y ahora exiges que te protejamos? —Sarah se rio con amargura—. Te pasaste, Vanessa.
Otro inversionista se inclinó hacia adelante con voz cortante.
—Escucha bien. Perdimos más de cinco mil millones en solo dos días. Si esto sigue así, no dudaremos en tomar acciones legales en tu contra.
Vanessa se rio con frialdad, aunque el corazón le latía con