Krystal deslizó una carpeta sobre la mesa.
—¿Qué más? Contratos. No uno, sino docenas: acuerdos entre tú y múltiples marcas. Casi todas exigen la cancelación. Y ninguna quiere renovar contigo. ¿Sabes por qué, Vanessa? Por tu desastre.
Vanessa apartó la carpeta de un manotazo. Los papeles se esparcieron por el piso en una tormenta de hojas blancas.
—¡No te atrevas a culparme como si esta agencia no me hubiera exprimido hasta la última gota! Sin mí, no serían nada.
Krystal sonrió.
—Tienes razón. N