—Deberías dormir un poco. Ya es muy tarde —dijo Kate con suavidad a Daven, que lucía agotado. Pero no era solo él; sus dos hijas también estaban muy exhaustas. La conversación se había extendido demasiado, y aun así ninguno tuvo el valor de cortarla.
Como mínimo, Kate ahora entendía lo que Daven planeaba hacer y por qué.
—Tú también, mamá. —Daven sonrió apenas—. Felicia, acompaña a mamá a su habitación. Tú también descansa —agregó, mirando a Karina.
—Tienes razón. Mañana no será más fácil. —Kari