Mientras tanto, lejos del caos en el centro de Solaviz, una habitación a oscuras permanecía en silencio. Parecía abandonada, aunque adentro se encontraba una mujer que normalmente tenía la agenda repleta de actividades interminables.
Pero no ahora. No cuando hasta salir a la tienda de la esquina bastaba para desatar un frenesí, con reporteros abalanzándose en cuanto aparecía en público.
—¡Maldita sea! ¿Cuándo va a terminar esto? —Escupió Vanessa, caminando de un lado a otro sin parar. Cada titul