—Vine corriendo al hospital en cuanto supe que había despertado. Perdón por la tardanza, tenía que terminar un último compromiso —dijo Vanessa con una sonrisa dulce como la miel.
Y no mentía. En cuanto recibió la noticia, Vanessa se dirigió al hospital, impecablemente arreglada y con la sonrisa que había ensayado antes de bajarse del auto.
Traía las manos llenas de bolsas de una farmacia reconocida. En una llevaba CoQ10 y Omega-3, vitaminas supuestamente buenas para la presión arterial, junto co