—Chase —llamó Althea en voz baja.
Se detuvieron antes de entrar al restaurante. Desde adentro llegaba una música suave, apenas perceptible. Josh estaba entre los dos, jugueteando con la camisa que traía puesta, ligeramente arrugada. No volvió a preguntar por Daven. Las relucientes luces de cristal a su alrededor parecían haber captado su atención, distrayéndolo por el momento.
—¿Sí? —Chase la miró con preocupación grabada en la cara—. ¿Qué pasa?
—¿Mami? ¿Qué tienes? —Josh preguntó alarmado—. ¿Es