Como siempre, Chase fue el caballero perfecto: le acomodó la silla a Althea, se aseguró de que estuviera cómoda antes de dedicarle su atención a Josh. Con cuidado, ayudó al pequeño a acomodarse, para aliviar cualquier incomodidad en ese lugar desconocido, rodeado de extraños.
Durante la cena, la conversación fluyó, pero solo en la superficie. Charla cortés, nada más. Althea hizo lo posible por seguir el ritmo de los temas, ofreciendo sonrisas y respuestas cuando era necesario, mientras le echaba