Mientras las luces de Rize parpadeaban entre niebla y faroles gastados, la mansión Aslan mantenía su fachada imperturbable, como si los gritos no cruzaran sus muros, como si la guerra no caminara por sus pasillos con tacones de mujer y susurros afilados.
Pero dentro, algo comenzaba a fracturarse. Algo más profundo que el matrimonio. Algo que había permanecido silencioso por demasiado tiempo.
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Zeynep Aslan siempre fue la hermana que observaba desde el borde, el rostro que no adornaba revistas