«Capítulo Vigésimo»
Empezó aquella raíz de oscuridad a esparcirse entre los muros, donde la luz no llegaba. Era silenciosa. Para cuando alguien se percatara ya estaría muerto y al explotar todo aquello que brilló de forma pura e inocente pronto correría en corrupción y ríos de rojo carmesí.
Me sentí con un poder creciente, me recosté en el piso para sentir el poder oscuro ser transportado desde el corazón del castillo a mi.
Mis párpados se cerraban y abrían. Una y otra vez, la luz se cernía bajo