«Capítulo Trigésimo Cuarto»
Siento la piel arder cada vez que intento acercarme a un rayo de sol. Hago lo posible para protegerme de lo que ahora supone mi peor enemigo.
En cuanto se ha escondido en el horizonte voy afuera, la primavera ha llegado y con ella un viento más cálido.
—Mi señora —. Adrían aparece con una voz tranquila, me sigue esta noche y trae consigo algunos frascos con cosas de muertos tanto frescos como de tumbas viejas. —¿No se podrían enojar sus ancestros si no continúa con