«Capítulo Vigésimo Primero»
Me termine de bañar en un cuenco que prepararon para mi. Me relaje en la tina mientras escuchaba a las alimañas moverse. El agua resbalaba por mis codos al apoyarlos a cada lado. Su goteo relajante me dejó descansar un momento antes de la tormenta.
El rey se sentó en su silla, el consejero estaba haciendo un recuento de los aldeanos y quejas que aparecieron en las últimas semanas sobre la pérdida de cosechas. Los animales de granja también morían por pestes extrañas,