«Capítulo Vigésimo tercero»
El suelo de la torre, aquellos ladrillos de piedra rojiza se derrumbaron dejando a penas la escalera que daba a la parte superior de la torre y las puertas al abrirse dejaban entrar a un pozo oscuro por el que la parvada de aves bajaron mientras se metían como una ola hasta ir a la profundidad y luego, la tierra se removió, un túnel oscuro y tenebroso se formó retorciéndose como una red oscura de raíces que empezaron a florecer. Un sin fin de espigas de rosas que de