Milena
Había llegado a la cabaña, no era muy consciente de cómo lo hice. Pero ahora no podía ver a nadie. Tenía que analizar y pensar lo que iba a hacer con mi vida, lo que pasó con Isaac en Las Vegas… Dante pidió que fuéramos al cuartel, pero no podía hacerlo. Ni tenía claridad en verdad de cómo llegué sin haber cometido un accidente.
Al cerrar la puerta y saber que estaría completamente sola y sin que me molestaran, la realidad me fue llegando. Todo este tiempo creyendo que al menos mi subconsciente había disfrutado de lo que el consciente no recordaba… Y no hicimos nada. Mi patología es la obsesión nada sana contra Isaac, la cual… Me cubrí el rostro para ocultarme de mí misma por lo idiota que fui.
Cómo pude creer que, si lo habíamos hecho, por eso no sentí malestar al día siguiente. Yo estaba como si nada; no quería caer de nuevo en mi obsesión. ¡Ay, abuelito! ¿Por qué no estás? ¿Cómo voy a verlo ahora? ¡Ay, Dios! ¿Ni drogado le gusté? —Y no pude evitar que mi pecho se encogiera.