Dayana
El cuerpo me dolía de una manera descomunal; hace dos horas nos dormimos, aún se veía oscuro. Me estiré para alcanzar el celular y constatar la hora; eran las cuatro de la mañana. ¡Mierda! Tenía turno a las siete. Pasamos toda la noche en fuertes sesiones de sexo. —Sonreí, había sido alucinante—. Y algo me decía que Dante se contuvo, me regaló tremenda noche de orgasmos tras orgasmos y más orgasmos.
Su comentario de anoche respecto al chico con el que había tenido sexo la vez que fue a buscarme tuvo un dejo de celos. Y si le sumo el que anoche se contuvo de follarme duro… ¿Sentirá algo diferente a sexo? —Por ahora agradezco que se contuviera, de lo contrario, no serviría para nada.
Dante se encontraba boca abajo, dejando ver ese cuerpo tallado por el gimnasio, el culote era un llamado a «muérdeme». —Siempre he querido hacerlo—. Me puse de lado para verlo dormir. Con razón mi primera vez quedé tan mal. Su pene era perfecto, grande, grueso y sí que sabía moverlo. Sentí que me lle