Enrique Vargas
Había dejado a Dayana en la clínica con Melisa, quien parecía tener varias costillas rotas. Me dio orgullo por ella saber que le ponía fin a ese hijo de puta y así adolorida como estaba lo derribó. Para Meli será un renacer. Siempre vivió a la sombra de ese Luis Carlos y, aunque respeté su relación por petición de ella misma. Nunca interferí más que en consejos, los cuales no tomó en cuenta hasta la llegada de Sandoval a su vida.
Miré por el retrovisor. Rafa se había dormido en su silla. Escucharlo llamarme cuando Dayana llegó estremeció mi alma. Soy su padre y no sabía dónde estaba. Eso debía remediarlo, nunca más volverá a pasar. Puedo trabajar en las dos partes; mi padre lo hizo. Fue el gerente financiero de todo el imperio de nuestras familias y eso no le impidió ser miembro activo de JaquMatete.
Milena se llevó a las dos escorias para los calabozos del cuartel. Mientras yo no veía la hora de llegar a la hacienda para hablar con Victoria, con toda la premura no la l