Victoria
Bajé las escaleras y salí hasta la terraza. Era consciente de que no podía dejar la hacienda, no hasta que Dante y el grupo lo avalen. Pero necesitaba aire y espacio para alimentar a mi hijo, mis senos se iban a reventar. Y también necesitaba pensar. Me senté en la sala externa de la terraza de La Reina. Me puse dando la espalda por si alguien salía; no tenía el paño, Rafa se pegó a mi seno. Le acaricié la mejilla.
—No vuelvas a darme tales sustos, jovencito. Estás muy pequeño para salir de casa.
Rafita sonrió con mi pezón en su boca, succionando su alimento. Mi mente me trajo de vuelta lo que pasó hace unos minutos en la habitación de Enrique… ¿Me vio tan necesitada para que me besara? Me acaricié el labio, sentirlo… No caigas de nuevo. Mi pequeño se había quedado dormido de nuevo. Me extendieron una manta para cubrir mi seno. Al mirar a un lado, Enrique me veía como siempre.
—Victoria, necesito hablar contigo y no voy a desistir hasta lograrlo.
—Deberías estar con tu promet