Victoria
Bajé las escaleras y salí hasta la terraza. Era consciente de que no podía dejar la hacienda, no hasta que Dante y el grupo lo avalen. Pero necesitaba aire y espacio para alimentar a mi hijo, mis senos se iban a reventar. Y también necesitaba pensar. Me senté en la sala externa de la terraza de La Reina. Me puse dando la espalda por si alguien salía; no tenía el paño, Rafa se pegó a mi seno. Le acaricié la mejilla.
—No vuelvas a darme tales sustos, jovencito. Estás muy pequeño para sal