Dante
No habíamos dejado de bailar. No demoraban los viejos en darnos cátedra al respecto, aunque mamá se encargó en nuestra juventud de enseñarnos y lo hacíamos muy bien, pero no se comparaba con nuestros padres y, cuando hacían el pique de la salsa, daba gusto verlos a todos.
Cargué a mi esposa, estábamos esperando a que los perdidos llegaran para anunciar la existencia de nuestro bebé. Esa noticia me tenía eufórico, como si el simple hecho de saber de su existencia hiciera que todo en mi vi