Andrea
Hoy llegaba; le preparamos un almuerzo en la hacienda El Renacer y tenía contados minutos para terminar de arreglarme. Su casa quedó preciosa, recordé todo lo que habíamos hablado en la cabaña. La tarde que salimos a caminar por los alrededores, el único espacio que nos dimos sin tener sexo. Hablamos del futuro, de lo que recordaba de su casa de infancia y que le gustaría tener en la suya. Una mezcla colombo japonesa. —Sonó mi celular.
—Ya casi todos estamos aquí.
—¡No sé qué ponerme, Mi