Kelebek
La mirada de los presentes era de desconcierto absoluto. Pero ver a Miguel sonreírle a nuestro enemigo y decirle adiós con la mano antes de desconectarlo fue magistral. Como diría mi esposo, ¡eso fue la verga! Mi madre se veía nerviosa. Esen se puso a su lado y la miró, dándole a entender que se hiciera a un lado porque esa no era su silla.
—Ustedes…
—Por favor, miren las carpetas que les están entregando de manera personalizada. —Mi marido se le acercó a su suegra y le entregó la suya.