Melisa
Seis camionetas se habían puesto delante de nosotros. Lo que me había maquinado para hacerle a mi marido, por motivos de celebración a la no abstinencia, se fue al fregadero. Ahora eso pasaba a un segundo, si no era a un tercer plano. El corazón me latió demasiado cuando fuimos emboscados por tantos autos. Alcancé a escuchar lo último dicho por Roland a su hijo.
Más de treinta hombres armados y fornidos se bajaron de las camionetas. Al mirar a Enrique vi su calma y eso me tranquilizó. No