Sebastián
Vargas me había llamado para decirme que ya podía llevar a Esen a la cabaña. Desde la mañana se levantó y tiene su ropa y la de la bebé guardada. Mi mamá ha estado melancólica porque su nieta se iba. Todos salieron a llenar de besos a la niña. Quien se veía satisfecha por irse era la madre.
—Diles a los abuelos que todos los días vas a venir, mientras mamá trabaja.
—Lo sé, Khloe, es solo que no la vamos a tener a toda hora.
Papá no decía nada, tomaba su manita y se la besaba. Melisa s