Anastacia
Media hora sonó mi celular; era el padre de mi sobrina. —Tenía cientos de llamadas de Demetrio, a quien no le contesté—. Al asomarme del escondite, lo vi detenido y Demetrio salió de su auto. Llegó muy rápido a buscarme. Contesté.
—Sebastián.
—Sal, ya estoy aquí.
Cerré mis ojos, respiré profundo; ese Demonio tendrá que aprender a respetar. Era un idiota. Salí del escondite, se veía preocupado, pero debía de ser por tener que rendirles cuentas a sus superiores.
—¿Te escondiste mientra