Anastacia
La señora lo miró. Dicen que a las buenas madres no se les podía mentir.
—No tienes que darme explicaciones. Pero te lo agradezco, me dejas más tranquila.
—Sí debe, señora. Es su hijo, pero aclaro que no es mi tipo. Solo le dieron la responsabilidad de cuidarme. —No entendí esa mirada en ella y esa sutil sonrisa.
La señora alzó la ceja, miró al Demonio y ahora hizo una mueca. Le dio un beso en la frente a él y a mí un beso en la mejilla, para luego echarme la bendición… Crucé la mirad